La historia de Laumont según su fundador, Josep Mª Serentill: de la intuición a la excelencia

La historia de Laumont según su fundador, Josep Mª Serentill: de la intuición a la excelencia

Yo soy Josep Maria Serentill y soy el fundador y creador de Laumont. En primer lugar, procedo de una región donde se produce trufa y setas. Desde niño tuve una vinculación muy fuerte con el mundo de las trufas de forma comercial, porque entonces no existía el autoconsumo; en cambio, con las setas tenía una gran vinculación familiar para consumo propio. Creo que desde muy pequeño me vino la idea de que me tenía que ganar la vida en este mundo, sobre todo con la trufa, porque en aquella época la seta apenas se comercializaba.

(Si lo prefieres, puedes ver la entrevista en vídeo haciendo clic aquí)

Los inicios y el primer viaje

Como decía, estuve madurando o incubando una inquietud y, al llegar más o menos a los 18-19 años, cuando ya tenía el carné de conducir, decidí actuar. En mi región había un mercado de trufas y yo siempre "ponía la oreja". Oí un comentario entre unos mayoristas sobre alguien que había ofrecido trufas a precios muy asequibles y que, probablemente, en alguna región de España se podía conseguir el producto de forma más fácil.

Me animé, cogí mi coche (un coche de 50.000 pesetas ahorradas tras trabajar 4 o 5 años) y me fui a dar vueltas. Por casualidad —porque España es muy grande— encontré a una persona que me indicó un pueblo donde probablemente me venderían. El primer día no pude comprar porque ya las habían vendido, pero volví al día siguiente y conseguí unos cuantos kilos de trufa, suficientes para tener un margen comercial muy importante. En aquella época mis ingresos eran muy limitados; eso ahora no pasa, pero entonces ocurrió.

El nacimiento de Laumont

De forma totalmente autónoma, ya me defendía bien y conocía a muchos proveedores y clientes. Salí al extranjero, a Suiza y a Francia, porque sabía que allí estaban las grandes empresas. En Francia encontré una empresa llamada Montell y les causé buena impresión. Estuve haciendo algunos trabajos con ellos y, al cabo de unos meses, me propusieron que dirigiera la empresa Laumont, que ellos mismos habían creado en España pero que nunca había operado.

El nombre de Laumont vino porque, cuando esta gente creó la sociedad (antes de conocerme), pusieron varios nombres y el último fue Laumont, por el apellido de uno de los fundadores: Jean-Claude Laumont. El primer crecimiento de la empresa se debió a que teníamos un cliente muy fuerte que respetaba los pagos y los tratos: Montell en Francia. Eso nos dio mucha fuerza porque, al salir a comprar a los mercados, teníamos una capacidad de compra muy alta gracias a su apoyo.

Innovación en el mercado de las setas

En los años 90, en España, se empezaba a comercializar el níscalo, pero nosotros introdujimos setas que eran nuevas para el mercado. Descubrimos zonas de España donde el rebozuelo (rossinyol) no se compraba ni se vendía. Con la lengua de buey, por ejemplo, estuvimos varios años siendo los únicos que la comercializábamos en Galicia, porque nadie más conocía el valor de mercado de estos productos.

Evolución y confianza

La trufa en España se empezó a conocer hacia los años 60. Mi primera experiencia fue en el 76; apenas llevábamos 15 o 16 años y todo era nuevo. Del 81 al 82 ya estaba bastante posicionado. Durante años trabajé solo, de la forma más rudimentaria: comprando directamente al recolector que venía con sacos y buscando mayoristas o empresas a quienes vender.

Al entrar Laumont, empezamos a exportar. Todo este proceso ha sido cuestión de seriedad y de ganarse la confianza. Empecé joven y mi señora me acompañaba a menudo; creo que causábamos buena sensación a proveedores y clientes: una pareja joven, trabajadora... eso genera confianza. Y la confianza, si respetas lo hablado, crece rápido.

La anécdota del cheque

Cuando empecé a ir a Teruel a comprar trufas, nadie me conocía. En aquella época se movía mucho dinero en efectivo o cheques. El segundo o tercer día, tuve la corazonada de que si compraba aquellas trufas ganaría dinero y me lancé. Les hice un cheque enseguida en un pueblo donde tenían mucha mercancía. Casualmente era 28 de febrero y les hice el cheque para el día 29, un día que ese año no existía. No me dijeron nada. A la semana siguiente, cuando volví, les dije: "No habéis ido a cobrar el cheque, ni habéis pedido conformidad", y me respondieron que no era por el cheque, sino porque confiaban. Eso es el tejido de lo que acaba pasando al final.

El relevo familiar

Me siento muy orgulloso y agradecido a mi familia. Mi mujer, Maria Teresa, me apoyó siempre, sacrificando muchas horas de ocio cuando los hijos eran pequeños. Mis hijos crecieron con ese rol. Con los años, Jordi ha asumido prácticamente el mismo papel que yo.

Yo tenía claro que nadie puede dirigir una empresa si no lo hace con el corazón y porque le guste mucho. Un buen día, Jordi decidió dejar otros trabajos y venir aquí a probar durante tres meses. Él es muy prudente, pero ya han pasado esos tres meses, está totalmente vinculado y yo vivo muy tranquilo. Estoy jubilado, pero activo. Me gusta intentar mantener esa seriedad ante clientes y proveedores y que el trabajo esté bien hecho, que ni un solo palé salga mal montado. Agradezco mucho el compromiso de todo el equipo, desde la dirección hasta el almacén.


El origen de la trufa en España

Como curiosidad, la trufa se empezó a recolectar en España debido a conocimientos que llegaron durante la Guerra Civil. Vino gente, sobre todo de Italia, que vio que aquí había trufas. Después de la Segunda Guerra Mundial, volvieron para recolectarlas. Entraron por Girona y, al encontrar allí (en zonas como Vic, Centelles o La Garriga), ya no bajaron más hacia Teruel o Guadalajara en aquel momento. Así se organizó el mercado de Centelles.

Antiguamente el bosque tenía mucha vida, había ganado y el sotobosque estaba limpio, lo que permitía que la trufera creciera. Con el abandono del bosque y el furtivismo, las cosas cambiaron, pero por suerte ahora con las plantaciones valladas todo ha vuelto a evolucionar.

Laumont es y ha sido un proyecto levantado a base de trabajo y mucha dedicación por parte de toda mi familia.

 

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